Jesús mismo nos recordó que existe lo que pertenece a César y lo que pertenece a Dios. Yo entiendo esas palabras como un recordatorio de que vivimos en una realidad donde conviven la vida cotidiana y la vida espiritual. Muchas veces las personas terminan formando grupos que casi no se hablan entre sí. Unos solo escuchan lo que viene de la iglesia. Otros solo escuchan lo que viene del mundo. Yo no quiero alimentar esa distancia. Quiero tender un puente para que un mensaje de esperanza pueda llegar a cualquier corazón que esté dispuesto a escucharlo.

Eso no significa abandonar la fe. Al contrario. Significa vivirla de una manera que permita acercarnos a quienes todavía están buscando respuestas. Creo que el amor de Cristo no pierde su fuerza cuando cruza un puente; la demuestra. Si una persona nunca entraría a una iglesia, pero sí escucharía una canción que le devuelva la esperanza, entonces quiero estar dispuesto a tender ese puente. Y si un creyente encuentra en esa misma canción un recordatorio del amor y la gracia de Dios, entonces el puente habrá unido dos corazones que antes estaban separados por una etiqueta.